Nuestra familia

Nada nos prepara en la vida para la realización de los sueños. Muchas veces, en la necesidad de dar respuestas puntuales a los problemas cotidianos nos olvidamos de nuestro verdadero propósito, y así al momento del balance de nuestras vidas nos encontramos con que paulatinamente hemos ido renunciando a los objetivos con que tantas veces soñamos. Otras veces, nuestros sueños llegan a concretarse pero a un costo demasiado alto. Miramos atrás y no quedan huellas que nos permitan reencontrarnos con nuestras raíces, con nuestros afectos y aún con nuestra familia. Tomamos del saber popular aquello de que nadie es profeta en su tierra, para buscar la realización personal fuera de nuestras fronteras, pero la nostalgia permanente por nuestra tierra y nuestras costumbres se encargará de recordarnos que así no se construye la felicidad. Que importante es conocer la magia que haga realidad los sueños. Si tuviese que elegir un maestro de quien aprenderla, sin duda sería un buen hacedor de vinos, quien con su arte, paciencia y sabiduría, nos brindará la alquimia para encontrar en el vino el placer, que a la vez es medicina, para el cuerpo y para el alma. Así, no sólo podremos soñar, sino que comenzaremos a vivir nuestros sueños.